Cinco capítulos, diez episodios

Ya hemos publicado los diez primeros episodios del podcast de mi novela Sesenta metros cuadrados: los cinco primeros capítulos de la novela, leídos por Sofía Cano, acompañados de cinco comentarios míos. Este es mi comentario al capítulo 4:

El podcast está disponible en Spotify, iTunes, iVoox y Youtube

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Audiolibro Sesenta metros cuadrados

La actriz Sofía Cano y yo estamos colaborando para crear un audiolibro de mi novela Sesenta metros cuadrados. Cada capítulo estará narrado por Sofía e irá acompañado de un comentario mío. Los capítulos y los comentarios de los capítulos los colgaremos en diferentes plataformas y estarán disponibles gratuitamente. Iran apareciendo semanalmente. El primer capítulo lo publicaremos este martes (20 de octubre de 2020).

Para aquellos que queráis participar en la financiación de este proyecto, os ofrecemos la posibilidad de hacer una donación en Gofundme, una plataforma de crowfunding. La donación mínima es de 5 Euros. Aquí teneis el link. Todos aquellos que hagais una donación podréis recibir, si lo deseáis, la novela en formato electrónico.

La novela en papel se puede comprar pidiéndola en una gran cantidad de librerías de toda España. Aquí esta la lista de librerías: https://libros.cc/librerias.php

Esta es la lista de plataformas donde se podrán ir escuchando los capítulos del audiolibro:

Spotify
Ivoox
Youtube

Muchas gracias por escucharnos y por dar a conocer este audiolibro/radionovela entre vuestros contactos.

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Beati Possidentes

Beati Possidentes – Felices los que poseen.
La letra de esta canción la he tomado prestada de un cuento de Jorge Castillo Jimenez.

Letra: Jorge Castillo

Música: Miguel Ganzo Mateo

Llegó, se arrodilló e introdujo la tarjeta

en la selección de idioma, pulsó español.

Aplicó sobre la tecla: Retirada de Efectivo.

”Introduzca su código”. Y el hombre lo introdujo.

Ahora pulse con cuidado la cantidad deseada

¿Desea comprobante? Pulsó sí, pulso sí

Ahora incline la cabeza, ámeme y témame,

Lo hizo.

Téngame siempre en sus pensamientos

Jure dedicarme su tiempo

Su talento y sus energías. Y el juró.

Otórgueme ser, su única seguridad.

Antepóngame a cualquier otra de sus creencias,

Su patria, sus idéas y su Dios,

Confúndame con la felicidad

Ponga sobre mí, su identidad.

El hombre pulsó a todo que sí,

el hombre pulsó a todo que sí,

el hombre pulsó a todo que sí.

Gracias, puede retirar sus 20 Euros

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Más allá de las altas montañas

Una canción que empecé a escribir hace unos meses, en la Sierra de Albarracín, y que he terminado hace unos días. Espero que os guste!

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Anchas avenidas

Anchas avenidas de pensamiento91809235_216546096118979_2003828063313578986_n
vacías de gases y de coches,
una ciudad latente,
una ventana abierta,
calles por las que corre
limpio el aire de la Sierra.
Una encina crece junto a mi escritorio
parda y serena
bajo Guadarrama frio,
con las cumbres blancas
avanzando abril,
respiramos bosque
sin dejar Madrid.

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En movimiento

Mi última novela, Sesenta metros cuadrados, sigue llevándome a sitios inesperados. Este otoño a Puebla del Hijar (Teruel), Coslada (Madrid) y Valdepeñas (Ciudad Real).

Encuentro con el Club de lectura de La Puebla de Hijar
Cena con el Club de lectura de La Puebla de Hijar

Valdepeñas, en realidad, no tan inesperado. Es el pueblo de mi madre, y, en mi caso, pueblo de fines de semana y veraneos de infancia y adolescencia. Mis recuerdos en Valdepeñas, que son muchísmos, aparecen siempre en mis escritos de una manera u otra. Mas tarde o mas temprano quería presentar esta novela en Valdepeñas y este otoño surgió la oportunidad, con una prima de mi madre haciendo de celestina y poniéndome en contacto con El Café Local. Fue muy bonito ver aparecer por allí a familiares y amigos que hacia mucho tiempo que no veía, algunos de ellos por lo menos quince años. Lo que mas me llama la atención en reencuentros así son las voces de unos y otros, lo bien grabadas que están en mi cabeza. El lugar, El Café Local, parece sacado de la película Belle Epoque, de Fernando Trueba, o de la última de Alejandro Amenabar, Mientras dure la guerra, y cada vez que se abría la puerta daba la impresión de que fuese a entrar Miguel de Unamuno, o mi bisabuelo Pedro, que era mas o menos de la misma quinta, vivió en Valdepeñas, y, al parecer, le gustaban las tertulias.

Una semana antes había presentado el libro en Coslada, en la asociación La Bufanda, y eso sí que fue una sorpresa. Manuel Rey, profesor de historia del arte y cantante de coplas, a quien conocí en una magnifica visita guiada al Palacio Real de Madrid, me puso en contacto con la asociación. Él da clases allí los viernes por la tarde y mi presentación empezó justo después de su clase. Muchos de sus alumnos se quedaron a escucharme y fueron el grueso de mi público. Un público que me recibió con mucha calidez y curiosidad. Leí pasajes de la novela, canté algunas de las canciones relacionadas con la trama, y, como siempre, en los entreactos, perdí varias veces el hilo de lo que estaba contando porque tengo una tendencia innata a dispersarme, especialmente cuando estoy hablando de un tema al que he dedicado tantos pensamientos como lo es mi propia novela. Pero la cosa terminó bien y, pese a que casi todo fue un monólogo por mi parte, hubo también espacio para la conversación. Me gustó ser parte del programa cultural de la asociación, entre cursos de historia del arte y clases de guitarra o de lectura comprensiva. Una asociación, además, con muchos años de antigüedad como lugar de encuentro y ofreciendo actividades interesantes para los vecinos. Me sentí como en casa. Si ese fuese mi barrio, ahí estaría yo bastante a menudo.

Pero si lo de Coslada fue una sorpresa, más aún lo fue visitar La Puebla de Hijar. En Coslada nunca había estado, pero al menos me sonaba el nombre. Con La Puebla de Hijar ni una cosa ni la otra. Hasta que el año pasado, viajando de Madrid a Lund, en uno de los trenes, conocí a Antonio Moragriega. Nuestros asientos estaban el uno al lado del otro y aunque tardamos un rato en empezar a hablar (yo iba con los cascos puestos y tecleando en el ordenador, no lo puse fácil), después de un café compartido en la cafetería del tren, nos contamos nuestra vida en apenas dos horas: alegrías, tristezas, aficiones, viajes, rutinas… Me bajé yo primero, en Perpiñán, para coger el tren nocturno, y él siguió camino hasta Marsella. Luego mantuvimos el contacto, y, poco a poco (y al principio sin saberlo) fuimos organizando el encuentro de este otoño. Gracias a Antonio, mi novela llegó a manos de Pedro Luis, el bibliotecario del pueblo, que lo propuso para el club de lectura, y unos meses después me encontré en un salón de actos hablando de mi libro ante un grupo de personas muchas de las cuales ya lo habían leído. Una situación nueva para mi, muy interesante y divertida. Aunque también difícil. Y es que me cuesta preguntar a los lectores qué les ha parecido tal o cual aspecto de mi novela, me da apuro, no quiero que se sientan en un compromiso, pero aprendo mucho cada vez que alguien decide contarme algo.

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Pedro Arrabal (concejal de cultura de La Puebla de Hijar), Antonio Moragriega y yo.

No me esperaba ya, un año y medio después de haber publicado la novela, seguir haciendo presentaciones. Pero paso la mayor parte del tiempo fuera de España y la novela vuela fuera de radar, así que los ritmos y los tiempos son otros. Ahora ha pasado esta temporada de viajes, encuentros y presentaciones y estoy ya de vuelta en Lund, arropado por la oscuridad creciente y preparado para entrar en un estado de semi-hibernación, con varios meses por delante de descanso, lectura y escritura. Asomaré la cabeza de nuevo cuando los días empiecen a ser mas largos.

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Fiesta en Madrid y Rebajas de Abril

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miguel con las novelas rojo

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Un santo menos

Una nueva canción inspirada en un personaje de mi novela Sesenta metros cuadrados: San Antonio Abad.

Grabada en casa al anochecer.

El resto de canciones inspiradas en Sesenta metros cuadrados las escribí hace un par de años y puedes escucharlas aquí. Y ven a la fiesta del 16 de Mayo en Madrid y escúchalas  en directo.


Lee aquí los primeros capítulos de Sesenta metros cuadrados.

Letra y música: Miguel Ganzo Mateo

La lluvia en el contorno de la cueva,
al otro lado el amplio paisaje que se abre.
La lluvia en una noche como esta,
en otro mes de marzo sin excusas.

La lluvia en el contorno de la cueva,
en el Monte Colzim, allá en Egipto.
Año 350, mes de marzo
San Antonio, se quita el San y vuela.

Vuela bajo las gotas de la lluvia,
vuela sintiendo el agua resbalando.
Su anciano cuerpo ajado, pero alerta,
recién recuperada la inocencia.

Antonio sin el San es mas ligero,
entiende a los demonios que le acechan,
y al entenderlos dejan, los demonios,
de ser demonios, solo son quimeras.

Repasa lo vivido y se emociona,
al recordar las manos de su madre,
y la voz de su padre, y a su hermana
pidiéndole el cariño que él le niega.

Antonio, antes tan santo ahora tan solo
un hombre que por serlo no lamenta,
la sangre que le corre por las venas,
los años que ha vivido en la ceguera.

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Sesenta metros cuadrados. Primeros capítulos

Descarga los primeros capítulos de Sesenta metros cuadrados en este link:

Sesenta metros cuadrados_Primera Edicion_Primeros capítulos

Y si te gusta lo que lees encárgame la novela por e-mail: miguel.ganzo@gmail.com y la recibirás en tu casa en unos días.

También puedes comprarla por Amazon, en papel o en libro electronico.

Miguel con las novelas

 

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Apuntes de Macchu Picchu

Letra: Pablo Neruda
Música: Miguel Ganzo Mateo

La letra esta formada por partes del poema Alturas de Macchu Picchu, de Pablo Neruda,  de su libro Canto General, de 1950.


Del aire al aire, como una red vacía,
iba yo entre las calles y la atmósfera, llegando y despidiendo,
en el advenimiento del otoño la moneda extendida
de las hojas, y entre la primavera y las espigas,
lo que el más grande amor, como dentro de un guante
que cae, nos entrega como una larga luna.

Días de fulgor vivo en la intemperie
de los cuerpos: aceros convertidos
al silencio del ácido:
noches deshilachadas hasta la última harina:
estambres agredidos de la patria nupcial.

Si la flor a la flor entrega el alto germen
y la roca mantiene su flor diseminada
en su golpeado traje de diamante y arena,
el hombre arruga el pétalo de la luz que recoge

Amor, amor, no toques la frontera,
ni adores la cabeza sumergida:
deja que el tiempo cumpla su estatura
en su salón de manantiales rotos.

Días de fulgor vivo en la intemperie
de los cuerpos: aceros convertidos
al silencio del ácido:
noches deshilachadas hasta la última harina:
estambres agredidos de la patria nupcial.

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